Apreciada Comunidad Lafontaine

 

Con base en algunas observaciones que nos han venido haciendo con respecto a esta página web, se han realizado modificaciones esperando que sean para una comunicación más ágil y una navegación más sencilla.

 

Pronto integraremos más servicios en la página como contacto directo con el responsable de publicación, blog sobre diferentes temáticas, temas de escuela para padres, y otras secciones que nos han estado solicitando.

 

Somos una Institución inteligente que aprende y mejora, para ello necesitamos sus comentarios, los cuales pueden hacer llegara a los correos de las directoras de su sección o al área de Sistemas con Miss Lupita.

 

 

A propósito del Día Internacional de la Felicidad

Aristóteles afirmaba que el fin último de la educación es la felicidad. Esto que significa que el objetivo del sistema educativo de un país, desde el nivel pre-escolar hasta el superior, debe ser el de formar ciudadanos razonables, reflexivos, capaces de garantizar la convivencia social. Por ello la calidad de la educación se mide en el tipo de sociedad que terminamos por ser, en el tipo de familias que formamos y en la clase de individuos que las constituyen. La educación es el único instrumento con el cual cuenta un país para transformar a los individuos. Transformar en educación significa hacer de nuestros alumnos ciudadanos comprensivos que integren una sociedad armónica, civilizada.

 

La felicidad se genera a partir de las virtudes que alcanza el ser humano mediante el uso de la razón educada. La educación integral induce al estudiante a desarrollar su capacidad reflexiva; lo convierte en un ser razonable, feliz. La felicidad consiste en ganar una conciencia tranquila después de haber actuado con justa razón en los diferentes escenarios de nuestra vida. Y cuando se habla del uso de la razón en cada uno de nuestros actos se habla de utilizar la justicia, la equidad, la comprensión, la tolerancia, la prudencia. La educación debe formar hombres y mujeres felices. La felicidad es producto de los actos virtuosos, que no son otros que aquellos que hacemos iluminados por las luces de la razón, de la sensatez.

 

La excelencia o mediocridad de una educación se mide en la educación que damos a nuestros niños. La calidad de una educación se mide, a final de cuentas, por el concepto de felicidad que tengan los miembros de la sociedad, que nunca coincide con el tener sino con el ser, con la tranquilidad de la conciencia a partir del uso de la razón

 

La felicidad no es un estado, es una actitud.

 

¡Orgullosamente Lafontaine!